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Bob Fisher

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ROBLIDO y ruta al mirador de A Rua

Ver itinerario de la ruta en Google Maps

Cruz de Jesús en Roblido

Hace tiempo que, desde que llevo visitando esta zona de la comarca de Valdeorras, me pregunto, cómo se verá la tierra que hasta ahora he estado caminando, desde aquellos pueblos que ahora, estoy viendo. En el día de hoy me encamino a un pequeño pueblo llamado Roblido, donde comparto los primeros pasos que voy dando, por este lugar, con unos buenos amigos que me han acercado hasta aquí, para mi ruta comenzar.

 

Calles de Roblido

   Pasear por Roblido a estas horas de la mañana es agradable y el ambiente es fresco, para ser verano, estación donde nos encontramos. Unas condiciones ideales para contemplar la arquitectura rural de este pueblo orensano. Sin embargo, al recorrer sus calles, echo de menos un poco más de definición en las partes del pueblo. Echo de menos una pequeña plaza del pueblo, unos pequeños parques mejor definidos…. en fin, sin desmerecer, me pareció un puñado de hermosas casas de piedra y pizarra pero, sin unos lugares vecinales que llame la atención al visitante y sea lugar claro de reunión de sus vecinos.

Calle y quintairo de Roblido

   Paseando por las calles de este pueblo, una sensación agradable me fue recorriendo y fue el sonido de los animales domésticos que habitan en este lugar. Fue uno de los pocos pueblos, de los que llevo recorridos, en lo que he visto buena cantidad de actividad animal y siempre me alegra, da vida al pueblo y sus gentes aunque, seguro, en tiempos de antaño, hubo más.

   De esta forma, llegue, en uno de los extremos de esta orensano pueblo, a la iglesia. Una iglesia de espadaña que, disfruto, con su sencilla arquitectura pero gran labor, piedra a piedra, dirigida a poniente, como es tradicional en estas tierras orensanas.

Espadaña de la iglesia de Roblido

   De  aquí parte un camino, miro el reloj y todavía es pronto, lo que motiva que me adentre en él, hasta llegar a un pequeño alto a mi izquierda, donde se asientan unas peñas e insinúan unas buenas vistas desde ese lugar, al que ahora, me estoy aproximando.

   Efectivamente, así es, al subir la pequeña colina hacia las peñas, una amplia vista se abrió ante mi, obligándome a permanecer durante un buen rato, contemplando las vistas que desde este lugar se pueden apreciar, unas hermosas vistas ayudadas por el claro día que estaba haciendo.

   Montefurado, las sierras de O Courel, Manzaneda…. Podrán ser contempladas desde este lugar. lo dificíl para quien no conozca estas tierras, será ubicarlas pero, por intentarlo… No quería olvidarme, en el lado opuesto, de la panorámica del pueblo que, en el día de hoy, hemos venido a visitar.

 

Vistas del entorno de Roblido

   Casi llegando al mediodía y sin saber muy bien que hacer, regreso a este pueblo y mientras contemplo sus antiguas bodegas de vinos de Valdeorras y un antiguo molino de rodezno, a las afueras de éste, hay un detalle, a lo lejos, mirando en dirección al Barco de Valdeorras, que me incita a adentrarme por un camino que me llevará por esta parte de los montes orensanos. Aparentemente, este detalle en el paisaje parece cercano pero, los montes de estas tierras son tan encrespados que obliga  a adentrarse en ellos para poder enlazar, con el camino que estoy viendo enfrente de mi, para llegar al lugar que estoy comentando. Desde luego, la naturaleza que hay en estos montes, es digna de mención.

 

Entorno de los montes de Roblido

   Nuevamente, una sensación ya conocida, me vuelve a invadir y vuelvo a sentirla, paso a paso, por esta pista forestal por la que voy caminando. Una sensación cuando desde aquí arriba, el valle de A Rua, se presentó, al fondo del paisaje. No podía quitar la mirada de ella, de Petín, de Mones, de Carballal, de Santa María… todo parecía una postal, mientras me parecía volar, por estas tierras valdeorresas, por estas tierras orensanas.

Panorámica de esta zona de Valdeorras

   El siguiente tramo ya se adentra en lo profundo del monte por el que estamos caminando. Me encuentro con algún ciclista, algún motorista pero, según avanzo, la soledad se va adueñando del paisaje y tengo la sensación de que la naturaleza y yo, somos los únicos habitantes de este lugar aunque, al poco tiempo, las nubes del cielo nos quisieron acompañar ofreciéndonos sus características formas y haciéndome temer un buen chaparrón. No me importaría pero, finalmente, no fue así y tras un rodeo por un pinar, logré enlazar con el camino que me llevará a aquel lugar que me llamó la atención, a poco de salir de Roblido. Momento en el cual, me senté y recuperé fuerzas comiendo y bebiendo algo antes de afrontar, lo que el camino me iba a deparar.

Nubes del cielo

   Y bien que hice pues, los siguientes metros de esta improvisada ruta, iban a ser los más dificultosos de ésta. Una fuerte pendiente se presentaba ante mi y me llevaría de pleno a la estructura que, desde el principio me estaba intrigando.

   Mientras despacio y con precaución iba descendiendo, me fue grato contemplar el camino recorrido justamente enfrente mía, tan cerca que casi lo podía tocar, sólo un empinado y estrecho valle nos separaba. De esta forma llegué a la estructura anteriormente mencionada y que resulta ser una elevación sobre el terreno, donde se puede apreciar una hermosa y amplia vista del valle de A Rua. Acababa de llegar a su mirador.

 

Panorámicas desde el mirador de A Rua

   En el presente día, el viento soplaba con un poco de fuerza, obligándome a sujetarme la gorra pero, mientras observo semejante panorámica aquí, desde esta altura, me pregunto dónde iría a parar si ésta saliera volando. Nunca mejor dicho así me sentía en persona mientras permanecí en este lugar, viendo parte de esta comarca orensana.

   Ya estaba atardeciendo y era  momento de emprender la bajada hasta A Rua. Una empinada cuesta me dirigiría hacia campos de viñas y uva, en las proximidades de este pueblo orensano. El sol ya se ponía entre el monte y los mismos amigos que me acercaron a Roblido, vinieron a buscarme mientras, acabo de disparar a esta puesta de sol, al final del recorrido de esta ruta que acaba de terminar.

Atardece en los montes de A Rua de Valdeorras





Ruta de CELAVENTE a O SEIXO por San Martiño y Abarxa

Ver itinerario de la ruta en Google Maps

Ardilla del bosque

   Que bien huele a jaras, mientras recorro estos montes orensanos, hacia el punto de partida de esta ruta que va a comenzar y más en tan buena compañía.

   He aquí, una vez más en Celavente y ahora, con la tranquilidad que me proporciona el tiempo disponible, me dispongo a recorrer esta parte de esta tierra orensana, entre dos comarca, O Bolo y Valdeorras.

   El día es claro y el ambiente no muy caluroso. Es hora de comenzar esta ruta que hace tiempo quería realizar.

Ermita de Os Navallos

   Tras la primera visita que realicé a Celavente, meses atrás, siempre me quedó las ganas de ver uno de sus monumentos más emblemáticos de este pueblo orensano; la ermita de Los Navallos. Hoy, el destino ha querido que comenzara esta ruta, precisamente, por este pequeño monumento realizado en piedra y pizarra y símbolo arquitectónico de este pueblo de los montes de Orense y me pudiera preparar, para esta ruta, en las aguas de la fresca fuente del mismo nombre, próximo a este lugar.

 

Ermita y fuente de Os Navallos

   Siempre diré que desde el momento en que descubrí esta zona de la comarca de O Bolo, es un placer observar el paisaje que se divisa desde este pueblo orensano y mientras recorro los primeros pasos de esta ruta, vuelvo a disfruta de él. San Martiño, Santoalla do Monte, A Pedra Alta, A Pedriña… acompañado por la, siempre presente, montaña de Manzaneda, hacen muy agradable estos primeros pasos por esta ruta que acabo de comenzar y hace olvidar, las cuestas por las que hay que caminar, de los barrios de este pueblo.

San Martiño, Santoalla do Monte y Manzaneda – Entorno que rodea Celavente

   Prosigo mi camino con la intención, en esta primera parte de la ruta, de recorrer nuevamente, los seis hornos tradicionales que existen en Celavente. Antes de llegar al primero, al horno de Viduedo, un amable hombre interrumpe mi caminar y empezamos a charlar.

   Mientras comentaba mis intenciones por este lugar, un gran costillar se estaba asando en una parrilla y este amable hombre y viendo la ruta que quería tomar, me invitó a degustar, un buen plato acompañado de vino tinto de estas tierras, antes de cordialmente, dejarme marchar. Nuevamente,tengo que agradecer la cortesía, humildad y hospitalidad, de estas amables gentes orensanas.

Forno dos Hortos, uno de los seis hornos de Celavente

   Poco a poco y deteniéndome de vez en cuando, fui recorriendo cada uno de los seis hornos de Celavente. Es recomendable hacerla despacio y disfrutando del ambiente, entorno y bosques de castaños que encontraremos en este lugar, mientras visitamos Viduedo, Os Hortos, Outeiro, O Fondo, O Campo y O Cima, los seis hornos de los seis barrios de los que se compone este pueblo orensano, de la comarca de O Bolo. Sin olvidarnos, claro está, de hacer una visita a la iglesia que domina a dichos barrios.

Iglesia del pueblo de Celavente

   He de comentar, que al finalizar esta primera parte de la ruta que, en el día de hoy, quería realizar, empecé a sentirme un poco nervioso y ligeramente emocionado. Finalmente, en el día de hoy, me disponía a visitar aquel pueblo que dio origen, a las primeras rutas de senderismo por tierras de Valdeorras y O Bolo. Partiendo de un camino próximo al horno “do Fondo” y adentrándonos en un hermoso castañar, llegaremos a la carretera que nos conducirá a la siguiente parada en el camino y como he comentado, origen de las primeras rutas por estas comarcas de orense. San Martiño se hace llamar.

San Martiño entre los montes de Orense

   Cierto es que el camino por el que opté, no es el más indicado para llegar a San Martiño aunque, he de decir que merece la pena. Lo ideal sería coger el cruce de la carretera de Celavente que lleva directamente al pueblo. En este caso, proseguí carretera abajo y en un pequeño desvío a nuestra derecha, encontraremos el acceso al lugar que, a continuación, pretendemos visitar, tras una fuerte pendiente aunque, no muy larga.

Iglesia de San Martiño

   En este pueblo de Orense, tendremos otra oportunidad de disfrutar y contemplar de la arquitectura rural que se conserva en este orensano pueblo. Sus calles y su iglesia nos harán notar que por este pueblo, no ha pasado el tiempo. Las amables gentes se encargarán de que recordemos este pueblo singular.

   Agradecer, nuevamente, la hospitalidad de estas gentes que, haciendo yo una parada, en una pequeña plaza, aparte de buena conversación, me obsequiaron con algo de beber y algo de comida. Una buena mezcla para reponer fuerzas y continuar la marcha.

Arquitectura rural de San Martiño

   Continuamos carretera abajo, siempre que las ardillas que nos podamos encontrar, no nos lo impidan con sus característicos gritos y su agradable simpatía. Aprovechar para tomar algunas fotografías que, con un poco de sigilo, podremos tomar, aprovechando su curiosidad.

Ardilla del bosque

   Poco a poco y descendiendo por el monte, llegaremos a una de esas pequeñas aldeas casi escondidas, de estas tierras orensanas, a un par de kilómetros, llegaremos a Abarxa. Recomendar, nuevamente, el disfrute del paisaje que se contempla desde este tramo del recorrido.

   Abarxa es una pequeña aldea que me sorprendió gratamente. evidentemente y tal como muestran alguna de sus viviendas, el abandono se cierne sobre ella pero, sin embargo, aún hay gente arraigada a esta, su aldea. He de decir, que me sorprendió la cantidad de detalles que posee esta aldea, para lo pequeña que es y lo bien cuidada que tienen los vecinos, en la medida de sus posibilidades, las calles céntricas de este pequeño rincón de Orense. Será difícil olvidar, la pequeña iglesia que domina este lugar, con su pequeña espadaña y la proporción que ésta tiene que, encaja perfectamente con el pequeño tamaño de esta humilde aldea.

   Es inevitable sentir, la nostalgia de los momentos que se tuvieron que vivir, cuando la actividad abundaba entre sus calles y vecinos y en cierto modo, lamentar, la pérdida de esta pequeña aldea situada, en un privilegiado entorno, en un privilegiado lugar. Ojalá me equivoque y con su historia, pueda continuar.

Abarxa y entorno

   Afrontamos el último tramo de esta ruta pero, en un momento dado, saliendo de Abarxa nuevamente a la carretera, ya próximo al río Xares, me da la impresión de como si alguien hubiera destapado un tarro de miel. El olor en el ambiente, me resultó muy agradable y delató una de las pocas actividades que aún se pueden ver, en esta aldea orensana, la apicultura. Observo el entorno y no me costó mucho descubrir los panales pero, mejor no molestar a las abejas y dejarlas hacer, su excelente y nutritivo trabajo.

   Continuo a orillas del río Xares parar, posteriormente, cruzarlo y continuar carretera arriba hacia O Seixo. El olor a jaras, se hace presente en este último tramo y se hace seductor, haciendo olvidar al senderista, el cansancio de los kilómetros recorridos hasta el momento. Afrontando el camino, con otro humor. Es paisaje y las panorámicas de los tres pueblos visitados, hace el resto para afrontar esta subida hacia el punto final, de esta ruta.


  

Abarxa, San Martiño y Celavente desde la carretera a O Seixo

 



RIOMAO

Ver ubicación en Google Maps

Entrada al pueblo de Riomao

   Hay lugares de esta tierra que no meren ser abandonados, hay lugares en este mundo que no merecen ser olvidados. He aquí mi humilde aportación a un antiguo pueblo que el tiempo quiso que se detuviera en una determinada época aunque y por respeto a ellos, queden dos personas viviendo en este pueblo orensano.

Calles de Riomao

  Al llegar a este pueblo ubicado en la parte sureste de la provincia de Orense, al final de la ruta que me había propuesto, uno se siente en otra época, muchos años atrás. Introducirse es este pueblo, es como ser testigo de la vida de nuestros antepasados más directos antes de que lo abandonaran, décadas atrás.

   La estructura de sus calles y la arquitectura de piedra y pizarra que impera en esta zona parecen casi intactos y se distinguen perfectamente las diferentes estancias, tanto de sus gentes, como de los animales.

Arquitectura rural de Riomao

   Paseando por entre sus viviendas, el pueblo parece estar vivo. No es muy difícil imaginar el día a día de las gentes que, antiguamente, habitaban este lugar recóndito de los montes orensanos. No es difícil imaginar a sus gentes trabajando en las afueras del pueblo, entre animales domésticos con sus pequeños corrales, sus quintairos, sus hornos, sus fuentes…. así hasta dar con la plaza principal de este pueblo y seguro, lugar de reuniones, tertulias, flirteos y fiestas. Un rincón especial de Riomao que ahora permanece en silencio pero que, antiguamente, lleno de bullicio. Un lugar, junto a la fuente y el molino que merece la pena disfrutar y contemplar. Toda una obra arquitectónica realizada por gentes trabajadoras y humildes que no merece ser olvidada y de seguro que no, dado los innumerables momentos que aquí se vivieron.

 

Rincones de Riomao

   El clima en este orensano pueblo es duro. Estamos en verano, en pleno Agosto y está atardeciendo. El día está ligeramente nuboso pero no hace viento. Deberíamos estar a uno 15 grado de máxima. No me quiero imaginar lo duro que sería pasar los largos inviernos que tiene que hacer, en este lugar. Lugar de frío, lluvia, nieve y viento. Todo un clima para probar, nuevamente, la adaptación del hombre a su entorno. Toda una muestra de supervivencia durante siglos, siglos que han llegado casi intactos a nosotros.

   Ya lo he comentado en otras entradas de este blog pero, sería una falta de respeto ocultar mi admiración por las gentes que, antaño, aquí vivieron. Mi más sincera admiración.

Calle y antiguas viviendas de Riomao

   He de decir, que caminar por este lugar, es como estar ante un museo, que te muestra cara a cara, la dureza, fortaleza e inteligencia de las gentes que habitaron este lugar. Ya serían analfabetos, no sabrían ni leer ni escribir o desconocían las oportunidades del mundo, más allá de este lugar pero, ellos construyeron este pueblo y vivieron durante siglos en él. Hoy tenemos y aún se conserva, este legado de buen hacer, donde los rincones están perfectamente aprovechados para alguna utilidad y nada parece dejarse al azar. Todo un legado de trabajo y esfuerzo que no merece desaparecer y espero que, en esta pequeña entrada, haya sabido capturar, la esencia de este orensano lugar, para que jamás se olvide la existencia de Riomao, pueblo de la provincia de Orense, autentica tierra orensana.

Riomao, pueblo de la provincia de Orense

Ruta de los pueblos abandonados – De SANTOALLA DO MONTE a RIOMAO

Ver itinerario de la ruta en Google MapsAbrir Ruta de los pueblos abandonados - De Santoalla do Monte a Riomao,Orense,España Agosto2008

A Pedra Alta y embalse de Prada, inicio y final de esta ruta

   Desde hace un tiempo, llevo oyendo hablar sobre otro pueblo abandonado de la provincia de Orense. Hace un tiempo que oigo el nombre de Riomao. Buscando en internet más información sobre este lugar, descubrí, que estaba más cerca de lo que había imaginado, de otro de los pueblos abandonados que ya he tenido la oportunidad de visitar, Santoalla do Monte.

   Ahora, en el verano, con la tranquilidad de dedicarme sólo al senderismo, decidí, ¿por que no hacer un pequeño homenaje a estos dos pueblos próximos entre si y que el destino quiso, que su tiempo se detuviera?. Aquí estoy, en un lugar llamado A Pedra Alta, dispuesto a comenzar esta ruta por dos de los pueblos abandonados de la provincia de Orense.

Paisaje desde A Pedra Alta

   Esta es la primera ocasión que recorro los primeros kilómetros a pie, degustando cada paso, cada paisaje, cada perspectiva, cada brisa de aire y cada uno de los colores de las flores que habitan estos montes que, aún se conservan en esta estación veraniega, hasta llegar Santoalla do Monte, la primera parada de este recorrido y donde un puñado de cabras, me dan la bienvenida, a esta singular aldea de Orense y mantiene, a día de hoy, una pequeña actividad ganadera de lo que fue en su día.

 

Santoalla do Monte

   Nuevamente, estoy en este lugar. Un lugar con un encanto especial y un paisaje digno de contemplar. Vuelvo a recorrer sus calles paradas en el tiempo, me vuelvo a adentrar en la antiguas casas ahora abandonadas, vuelvo a respirar ese autentico ambiente rural en estos montes orensanos, a un ambiente detenido hace años y todo un símbolo de la vida de los lugareños de antaño y me atrevería a decir, a la dura vida de las gentes de esta provincia gallega.

   Es curioso como la vida sigue fluyendo en este lugar, como sus escasos cuatro habitantes mantienen esa chispa que, lentamente, hace a esta aldea avanzar. Un ejemplo de ello es que aquellos cachorrillos que encontré en la primera visita, ahora son jóvenes perros sobreviviendo, en esta adversa zona de los montes de Orense. Toda una lección de resistencia y aclimatación al medio.

   Aguas del arroyo próximo a Santoalla

   Saliendo por uno de los caminos, por la parte opuesta a nuestra entrada, llegaremos a un arroyo de aguas cristalinas y de buen caudal, que es utilizado para regar las huertas y suministrar agua a los animales.

   Es admirable como se resiste a secarse a pesar de las escasas lluvias de los últimos meses y me pregunto, cómo podrá salir tanta agua de esta tierra, ya que su nacimiento no debe de esta muy lejos de aquí, monte arriba.

   En este lugar, podremos refrescarnos del calor veraniego y prepararnos a afrontar, el siguiente tramo de esta ruta que acaba de comenzar.

Aguas del arroyo de Santoalla do Monte

   Los siguientes kilómetros intentaremos llegar a la cima de A Pena Forcada, la cima del monte donde nos encontramos. Para ello, continuaremos el mismo camino para adentrarnos en el monte de A Pedriña. Tras unos metros desde el arroyo y una ligera subida, el camino toma dos desvíos. Tomaremos el de la izquierda, que nos obligará a ir subiendo y tomando altura, en este monte.

   Antes de emprender esta subida, la aldea ya visitada nos ofrecerá una perspectiva, que os recomiendo contemplar, pudiendo observar el camino recorrido, hasta el momento.

Santoalla do Monte vista desde A Pedriña

   El camino continua con un leve ascenso, que nos proporcionará otras perspectivas de estos montes orensanos donde, el río Xares domina el fondo del valle y Manzaneda el fondo del paisaje siempre, con la atenta mirada del embalse de Prada y su pueblo, en el lado opuesto.

   A partir de aquí, unos metros más adelante, tendremos que estar muy atentos a la senda por la que se ha convertido el camino, por el que estábamos andando. El mapa indica que sale una pequeña senda a nuestra izquierda, ya avanzados en la falda de A Pedriña pero, el tiempo transcurrido y lo poco o nada transitado de esta zona del, ha hechos que los brezos y otro monte bajo, hayan tapado la mencionada senda. Al encontrarla, ascenderemos hacia la cima de A Pena Forcada, en el tramo más difícil de esta ruta,por desnivel y lo agreste del monte. Afortunadamente, el tramo no es muy largo y pronto, llegaremos a la proximidad de la cima.

Rio Xares, Manzaneda y Prada

   Ya en la cima y tras andar por un pequeño cortafuegos, enlazaremos con un camino que nos guiará por los siguientes kilómetros de la ruta.

   Caminando por este camino, descansaremos un poco de la dura subida afrontada y nos relajaremos con los paisajes que se nos presentan, de esta zona tranquila, llena de naturaleza. Si el cansancio y las nubes no nos lo impiden, la altura a la que nos encontramos, nos permitirán llegar a ver unas manchas rojizas, al fondo del paisaje y un poco más lejos una gran estructura con altas columnas. evidentemente, me estoy refiriendo a Las Médulas y a la central térmica de Ponferrada.

   Dejaremos el repetidor de la cima de A Pena Forcada a nuestra izquierda y proseguiremos hacia A Portela do Valado, no sin antes, enlazar, nuevamente, con algún cortafuegos que nos crucemos en el camino. Durante este trayecto, presenciaremos los Prados do Valado, lugar por donde transcurre la carretera que va de Prada a O Barco de Valdeorras.


Prados do Valado

   Finalmente, llegaremos al cruce de la carretera anteriormente mencionada, donde podremos descansar un poco de nuestro caminar por estos agrestes montes orensanos. A partir de este punto, encaramos la recta final de esta ruta que os propongo.

   En este punto, cogeremos la carretera que nos llevará, descendiendo por este paraje, hasta el segundo pueblo abandonado, que tenemos intención de visitar, Riomao pero, eso ya será en otra entrada que quisiera dedicar, a este perdido pueblo situado en el fondo del monte, en un estrecho valle rodeado de bosques de castaños, de esta zona de los montes de Orense.

Abrir Ruta de los pueblos abandonados - De Santoalla do Monte a Riomao,Orense,España Agosto2008

Pueblo y embalse de Prada

 

RIO GEVALO – Tardes en El Martinete

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Aguas del río Gévalo



 Tiempo atrás, en tiempos de antaño, existe un lugar, del cual, quería comentar, una pequeña historia.



 Un rincón entre los montes de Toledo donde el olor de las jaras, se mezcla, con el olor del romero y el silencio, sólo es roto por el río que lo baña y los animales que habitan en él.

Este rincón es llamado, el Martinete. 

   Aguas del río Gévalo

   Siendo yo de corta edad, pues los primeros recuerdos que me vienen son de cuando tenía unos diez años, cada verano, nos refugiábamos del calor de La Mancha, en un lugar adentrado de los montes de la comarca de la jara.

 Apeándonos en una carretera, cerca de unas casas de labranza, nos encontramos en el puente que cruza el río Gévalo. Un puente de un solo ojo, construido en piedra y granito de las canteras próximas, de finales del siglo XIX.



Puente del Martinete

   Siguiendo una pequeña vereda, de fuerte pendiente, entre fresnos, encinas chaparras y retamas, llegamos a la orilla del río.

 Al llegar a unas piedras, en mitad del agua, ya bajo el puente, hacía desaparecer el sofocante calor manchego, típico de estas tierras. 

En aquel entonces, nos faltaba tiempo para dejar las cosas y salir corriendo a darnos el primer chapuzón del día.

   Alguno de nosotros, llevábamos nuestros juguetes y los colocábamos en una gran piedra fraccionada en dos, situada a unos cuántos metros del puente, corriente abajo. Este era nuestro pequeño rincón y refugio.

   Pero, a estas horas de la mañana, era hora de darse un primer baño. No hay que comentar nada, dada la zona de sierra en la que nos encontramos, de lo fría que se encontraba el agua, a esas horas de la mañana pero, dada la edad que teníamos, poco nos importaba ya que, lo único que queríamos, en esos momentos, era jugar con la fresca agua.

  

Corrientes y remansos en el río Gévalo

   En está altura, el río forma dos remansos, uno más profundo que otro. Sólo los más mayores se bañaban en donde el agua cubría más y según fuimos creciendo, todos acabamos en el mismo charco.

   El verdor de la vegetación de la orilla, es un recuerdo imborrable en mi memoria al igual que, el avistamiento de pequeñas tortugas y culebras de agua, los pequeños cangrejos espantados por nuestros chapoteos, los pequeños topillos nadando en la orilla buscando su refugio, las libélulas volando a tu alrededor y sin olvidar, los pequeños pececillos que te acuden a picotear, produciéndote unas cosquillas bastante agradables.

   Entre juegos en el agua, un olor a comida empezaba a campar, entre la naturaleza de este lugar. A esa hora, empezábamos a salir a la orilla para secarnos y prepararnos a la inminente comida que ya estaba al llegar.

   Resultaba muy agradable ver a nuestros mayores, padres, tíos y primos preparando la comida que, en ese día, íbamos a degustar con el siempre e inconfundible sabor a campo. Era inevitable que durante esta hora las hormigas vinieran a visitarte pero, más molesto es la visita de las avispas y sus inconfundibles picotazos que, más de uno de nosotros, nos llevábamos.

Entorno natural del río Gévalo

   Las siguientes dos horas, era la rutina obligatoria que nuestros mayores nos imponían para hacer la digestión. Ellos se echaban la siesta pero, nosotros, no podíamos estas quietos y siempre estábamos buscando algo con lo que entretenernos, en ese periodo de tiempo. El calor sofocante del mediodía veraniego, impedía que nos alejáramos del refugio del río pero, lo que incesantemente buscábamos era, volver a bañarnos y jugar con el agua. Por este motivo esas dos horas, se nos hacían eternas, hasta que nuestros mayores nos volvían a dar permiso para darnos un nuevo chapuzón.

  Fresno a orillas del río

   Era habitual que durante la larga tarde, tuviéramos visita de los familiares o amigos que viven en los pueblos de alrededor, haciendo de ésta más completa y amena ya que, los más jóvenes nos juntábamos a jugar, rodeados de este entorno natural. Siempre me daba rabia que ellos se fueran antes que nosotros, tras haber estado un breve periodo de tiempo, lo justo para un baño y poco más.

   En este lugar de los montes de Toledo, ya cuando empezaba a atardecer, fue de los lugares que me permitió, ir descubriendo mi pasión por la naturaleza. Los paseos a por la fresca agua de un pequeño manantial me son imborrables en mi memoria, el espantar de algún animal a orillas del camino, las zarzamoras repletas de sus negros y sabrosos frutos, el inconfundible sonido del agua que parece que el río te está hablando o el canto de los grillos al inicio del anochecer, mientras recorremos al orilla del Gévalo, a través de unas casas de labor que hay próximas al puente que nos ha acogido durante el sofocante día. Son solo algunos de los detalles que, por aquel entonces, me empezaban a llamar la atención.

Fuente entre la naturaleza del Martinete

   Ya llegado el anochecer y una vez que el ambiente refrescaba, recogíamos nuestras cosas y subíamos la empinada cuesta que nos vio bajar y las dejábamos en los coches pero, aún había tiempo para dar el último paseo antes de regresar al pueblo. Un paseo que dábamos por la carretera, siguiendo el curso del arroyo del Endrino y con la mirada puesta en los montes que lo rodea. Que ilusión me hacia cuando teníamos oportunidad de ver algún ciervo por estos caminos jareños.

   Ya apenas se ve la carretera y el sol hace tiempo que se puso en el horizonte. Tras un largo día lleno de actividad en la naturaleza y a pesar de mi juventud, me encuentro cansado y quienes están conmigo, se los ve también, en el mismo estado. Es hora de regresar al pueblo para dar por terminada la jornada y descansar.

   Esta historia, se repitió año tras año, verano tras verano.

   Tras el paso de los años, el entorno sigue igual, algo más frondoso en las orillas del río que antes pero, en general, pocas cosas han cambiado. Ahora y después de las rutas recorridas en estos años y los lugares que he visitado, siempre hay unos días estivales, en los que regreso a este lugar y me vuelvo a refrescar, en las claras aguas del río Gévalo, como hacía antes, cuando era niño.

Aguas del Gévalo, aguas del Martinete


 

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Se bienvenido viajero. Sea cual sea tu procedencia, siento curiosidad por cómo a sido tu estancia, en la hora de tu partida.

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Bob Fisherwrote:
Hola Tresimedia, encantado de verte por aquí. Me agrada que en esos ratos que pasas de vez en cuando, te sean gratos y los siguientes también.
Se bienvenido cuando quieras, un cordial saludo.
1 day ago
tresimediawrote:
En primer lugar agradecerte los comentarios que pusiste en mi espacio. Yo solo quiero decirte que me encanta de vez en cuando entrar en tus distintos espacios y darme un paseo por ellos, entre las fotos y las narraciones es casi como haber echo las rutas, incluso podemos ver muchos detalles que de seguro el senderista normal no sería capaz de sentirlos.
Un saludo.
June 11
Bob Fisherwrote:
Hola amigo Francisco.

Me agrada mucho tu comentario y estoy seguro que si alguien que lea este relato o lea estos comentarios y decide ir unos días a este hermoso entorno de Valdeorras, estaría deacuerdo con nosotros sobre lo que hablamos. Simpremente, narre lo que allí, en Mones, ocurrió, en esa fecha inolvidable.

Un fuerte abrazo amigo.
Feb. 22









Acabo de leer este fabuloso y colosal relato sobre la marcha a Mones. Ni escritor más afamado podría describir con tanta pasión y emoción lo que  estuve  leyendo casi con lágrimas asomándome a los ojos. Es un prodigio tu relato, Bob. ¿Para qué queremos escribir un libro sobre la marcha si tú lo haces como los ángeles? Es una delicia de narración, y a medida que te adentras, más deseas avanzar. Gracias por tus elogios hacia todo el humilde pueblo de Mones, su visión panorámica, su descripción de los rincones, de sus gentes. Da la sensación que los conoces de siempre. Y en cuanto a mí, me abruman tus alabanzas. De ti tenemos que tomar ejemplo. No es fácil encontrarse con una persona como tú: sencilla, agradable, juiciosa, abierta, con un alto concepto de la amistad, con  un interés increíble por las cosas naturales y sencillas. Un artista con la cámara, que resalta lo que nadie es capaz de ver. Es un honor contar con tu amistad, de la que me siento muy complacido. Un fuerte abrazo, caro amigo.



Feb. 16
Si hayas un camino sin obstáculos, quizás no te lleve a ninguna parte (Vigil).
 
¡ Feliz Año !
Jan. 30