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Manuel Ángel

VERIN - Area recreativa del río Támega (Otoño)

Ver itinerario en Google Maps




Presilla del río Támega en otoño


   Cuatro días de magosto por tierras de Orense. En este último, lo dediqué a pasear por el entorno natural del río Támega, en las proximidades de Verín.



Río Támega

   Han pasado tres meses desde que descubrí este pequeño rincón del valle. El lugar es el mismo, sin embargo, el paso del tiempo y el paso de las estaciones hacen que se presente de una forma diferente.



Otoño sobre el río Támega

   Los árboles ya conservan pocas hojas del verano pasado y muchas de éstas, ya empezaron su particular viaje río abajo, hacia algún lugar. Otras, sin embargo, prefieren quedarse, para formar una alfombra de variada tonalidad.



Hojas en el fondo de algún lugar

   En este otoño, al igual que otros, es época en la que la naturaleza empieza a quedarse dormida, ofreciendo una variada gama tonal de marrones, en espera, del invierno que ha de llegar.



Variados tonos del otoño en el río Támega

   Por lo demás, todo sigue igual.

   Por lo demás, es un lugar que os vuelvo a recomendar.

ORENSE




Lugares de interés en Orense

    Capital de la provincia del mismo nombre, ciudad de historia y aguas termales. El mercado de abastos fue el inicio y en la plaza de San Lázaro se produjo un encuentro. Comencemos este recorrido por esta capital gallega y descubramos, a través de sus calles y sus gentes, los rincones de esta ciudad de origen mineral (Auriense) y termal (aquae uriente).


Orense, ciudad termal.

   He de comentar, antes de proseguir, que en esta capital gallega, estuve en tres ocasiones y he aquí el relato de las anecdotas de estas tres visitas.

   Retrocedemos en el tiempo y nos trasladamos a Septiembre del año 2006. En esa época, un viaje rondaba mi cabeza. Acababa de terminar mis andanzas por tierras de Ancares y en el transcurrir de ese viaje un amigo mío me recomendó que visitara el pueblo de Allariz
y quizá, este fue el detonante para prolongar, un poco más, el viaje y el recuerdo de mi andar por tierras gallegas.

Claro está que aproveche para visitar la capital y descubrir esta ciudad de origen romano y con vistas al río Miño.

   La primera sorpresa que me llevé al llegar una madrugada, sobre las seis y media, fue que parecía que no vivía nadie en ella. La noche fue oscura y pasados unos minutos de la llegada del autobús, la gente desapareció sin intuir hacia donde se dirigían. En fin, habría que esperar al amanecer y que, poco a poco, la ciudad fuera despertando.

   La madrugada fue fresca y ya dispuesto a tomarme un desayuno, llegue al inicio de la ruta que me llevaría a descubrir Orense. Llegue al tradicional mercado de abastos, donde los panes gallegos y las empanadas, me abrieron, si cabe más, el apetito entre los puestos que lo rodeaban.



Puesto en el mercado de abastos

    Damos un pequeño salto en el tiempo, hasta Noviembre de ese mismo año y mi visita a O Carballiño. En esa ocasión y con motivo del magosto, decidí, en una fría mañana de Otoño, volver a disfrutar de esta ciudad y aquí volví a estar.



Productos expuestos en el mercado de abastos

    Todo tipo de panes, bizcochos, bicas, empanadas, frutas.... Todo estaba allí reunido al más puro estilo tradicional, con dependientes que gritando, otros pesando, algunos convenciendo... Todo este ambiente con la inconfundible calidad que te da, los productos hechos en la tierra y realizados en casa. Un mercado tradicional que merece la pena disfrutar y, os lo recomiendo, degustar algunos de los alimentos que allí se venden. Un paseo realmente agradable y, aunque Orense sea una ciudad, con ese sabor a pueblo.




Puestos tradicionales del mercado de abastos

    Muy cerca de aquí y cruzando una de las avenidas principales de la ciudad, bien por arriba o bien por debajo, nos encontramos con el origen de esta ciudad, las burgas.



Aguas termales de las burgas.

    El nombre de las burgas no se sabe a ciencia cierta de donde provienen. Unos dicen que del celta "beru" (caliente) o bien proviene del latín "burca" (pila), en referencia a los baños termales romanos.

Caño de la burga de abajo.


    Existen tres burgas en la ciudad (arriba, medio y abajo), cada una de una diferente época aunque, en estos viajes, me centré en la burga de abajo, quizá la mas conocida.

   La primera vez que me topé con ella, me advirtieron de algo que quería compartir con vosotros, si os animáis a visitar esta ciudad. Este agua sale tan caliente de la profundidad de la tierra, que puede llegar a escaldar la mano si la mantenéis durante un tiempo en ella. Yo introduje mi mano en uno de los caños y la sensación inicial es bastante agradable, sobre todo si hace frío pero, no pude aguantar más de unos cuantos segundos bajo el chorro.

   Quisiera también comentar que en esta visita otoñal, fue fascinante como, con el frío que hace en la calle, observar la cantidad de vapor que desprendía la fuente y poderte calentar las manos en este tipo de aguas, fue un pequeño lujo, por lo agradable que fue.



"as Burgas"

   Continuando por las calles de esta ciudad, muy tranquilas para ser capital, me dirigí a la plaza del ayuntamiento. Una zona de esta población que, gracias a unas fotos antiguas que he tenido oportunidad de ver, ha cambiado poco con el paso de los años.



Reloj de la "casa do concello"

    El día otoñal amaneció nublado pero, al ir pasando las horas, el sol fue apoderándose del cielo, dejando un día bastante apacible. Momento que aproveche para disfrutar con la música que en este día, 11 de Noviembre, tocaba una orquesta en esta amplia plaza, en honor a su patrón.



Vistas de la plaza del ayuntamiento

    Continuando por una calle próxima, me dirigí a la catedral, la catedral de San Martín. Construida durante el siglo XII y de estilo mayoritariamente románico.

Interior de la catedral de San Martín

    La catedral es pequeña y con no muchos adornos en su fachada pero, no se si porque la visité en la festividad de San Martiño, el interior es realmente bello, con altas columnas abovedadas, pequeñas vidrieras, figuras de santos, su bello retablo.... y la capilla del Santo Cristo, muy venerado en esta ciudad.



Figuras del interior de la catedral

   En una pequeña plaza próxima a la catedral, nos encontraremos con un "cruceiro", tan comunes por estas tierras y ahuyentador de los malos espíritus.



Cúpula de la catedral


   Adentrandonos por una de las avenidas peatonales principales de Orense, avanzamos un poco más en el tiempo, avanzamos hasta Noviembre de 2007.

Por estas calles, uno puede ir descubriendo los pequeños detalles de la historia de Orense. La figura en bronce de la lechera, las fachadas clásicas de las casas, los edificios públicos, la figura de una mujer asando castañas.....



Figuras de oficios tradicionales

   Cerca de este último lugar, enfrente de la figura de la vendedora de castañas, se produjo un agradable encuentro. En un pequeño parque volví a encontrarme con una mujer a la que respeto mucho. Un encuentro en el parque de San Lazaro. Un pequeño parque donde hacer una pequeña parada y, por que no, observar el paso de la vida.



Fuente del parque de San Lázaro

    Por último, en estas visitas por la capital orensana, bajé al río que baña esta ciudad, el río Miño, uno de los principales ríos de España y por supuesto, Galicia.



"Augas do Miño"

   En una de las orillas de este río, se puede realizar una pequeña ruta en la ribera de éste, descubriendo mediante carteles informativos, la historia de esta ciudad a través de sus aguas, a través de sus puentes y a través del camino de Santiago.



Ribera del río Miño

    Un agradable paseo desde el puente por donde pasa la vía ferrea, pasando por el puente romano y continuando por el puente nuevo. Una historia de como el hombre ha querido conectar las dos orillas de este río.

   Hasta aquí mis tres viajes por esta capital de provincia. Se que me quedan cosas y lugares por ver de ella pero, como siempre digo y en alguna ocasión me habeis oido decir, "siempre hay que dejar al que ver para tener una excusa para volver".

   Esta es una ciudad que, bajo mi punto de vista, representa ser una autentica ciudad,con sus gentes, su agetreo... pero que, por los detalles que ví, no olvida sus raices y esa tradición que es característica de estas tierras orensanas.









ROTA DOS CARBOEIROS - De Campobecerros a Castrelo do val

Ver itinerario en Google Maps



Inicio y final de la ruta de los carboneros.

   El tiempo pasa casi sin darte cuenta y fue tal, el hechizo que estos montes me produjo, que tuve la necesidad de profundizar un poco más en ellos. Y que mejor forma, después de la toma de contacto del pasado verano, que realizar la ruta completa de la denominada por estas tierras ruta de los carboneros además, estamos en otoño, tiempo de magostos, toda una tradición por estas hermosas tierras.



Cartel indicativo de la ruta de los carboneros

   El punto de inicio ya lo visité con anterioridad. Es curioso encontrarte en este pequeño pueblo, puerta de entrada a los montes del invernadero y comprobar que todo sigue igual, con su peculiar tranquilidad, sin embargo, algo ha cambiado en el ambiente, quizá los colores del otoño, quizá el ambiente a magosto.... no lo se. Lo único que quería era recorrer este antiguo camino de carboneros que recorrían estos montes desde la parte alta de los mismos, hasta llegar al valle del Támega. Una actividad tradicional, entorno al carbón.



Recibimiento en Campobecerros

   Después de un agradable desayuno en el merendero del lugar, parada recomendada por mi parte, caminé por este pueblo, paso de peregrinos de la vía de la plata y repasé los pequeños rincones que encierra esta población, para dirigirme al inicio de los poco más de diecisiete kilómetros de los que se compone esta ruta.



Peliqueiro de Campobecerros

   Los primeros kilómetros de esta ruta, los de mayor dificultad por las pendientes, son los mismos que recorrí el verano pasado aunque, el ambiente más fresco y los tonos verdes y marrones de los montes en otoño, hacían diferentes los pasos que daba por este camino en la actual visita. También, en esta ocasión, tuve un compañero inesperado que me acompaño incansable durante este primer tramo.

  
  
Inesperado compañero de ruta

   Al pasar por la iglesia de Santiago, un majete perro se me acercó y muy amablemente se convirtió en mi "guía" por los primeros kilómetros de los que se compone esta ruta. Es curioso que sin conocernos, estuviera tan pendiente de mi, ya que no me quitaba ojo. La verdad es que es agradable la confianza que cogimos entre los dos y fue muy grato la compañía que me ofreció por estos caminos pero, llegado el momento, nos tuvimos que separar ya que su dueño, posiblemente le estuviera buscando. Que buen recuerdo me dejó y e aquí la anécdota.



Entorno de Campobecerros

   El camino proseguía por los mismo lugares ya visitados y sin embargo me parecían algo distintos. La pendiente de castaños ya con sus erizos esparcidos por la senda, el cruce de Sanguñedo, el pinar próximo a Pena Nofre, la fuente donde poder descansar y tomar un agua clara y bien fresca, el recorrido bordeando la falda del monte Pena Nofre, la derivación a Fontefría y sus amables gentes y desde aquí, empezar a descubrir nuevos lugares desconocidos para mi hasta ese momento.






Pinar, castañas y fonte Nofre

   Que buenos recuerdos me vinieron a la memoria al visitar, nuevamente, esta pequeña aldea de los montes de Orense. Algunas cosas han cambiado pero, otras, siguen como están, impasibles al paso del tiempo. Un lugar acogedor, de amables gentes y conservando ese aire a naturaleza y tradición que domina esta parte de la comarca de Monterrey.
   Como anteriormente recomendé, una parada en este lugar es casi obligatoria, más en mi caso, para recuperar fuerzas y afrontar el resto de la ruta. A partir de que salgamos de Fontefría, por la ruta primaria, ya no pasaremos por ningún pueblo o aldea hasta llegar a Castrelo do Val aunque, sí pasaremos por sus proximidades.






Fontefría

   Ya partiendo de esta aldea, la naturaleza nos rodeará hasta prácticamente llegar al final de la ruta deparandonos, también, bellas vistas del valle del Támega con el inconfundible ambiente a castaña que se respira por estos montes en otoño.
   Primeramente, nos adentramos en un bosque de pinos que parece no tener fin, sobre todo si miramos a los lados del camino que andamos. Bajo mi punto de vista, es el tramo más monótono de la ruta, solamente roto por el contraste de los amarillentos helechos que adornan el suelo de estos bosque en esta época y los rayos que se dejan caer por entre las ramas de estos pinares.

Pinar en los montes

   Llegando a un cruce entre tres caminos, tomaremos el que nos indica la continuación del camino, saldremos de este bosque para adentrarnos en otro bien distinto y centro de atención en estas fechas del mes de Noviembre. Empezamos a tomar el descenso hacia la llanura del amplio valle, adentrándonos entre castaños y si el visitante quiere, puede deleitarse con el sabroso y nutritivo fruto que cae de este majestuoso árbol. La castaña, símbolo de los buenos magostos y toda una tradición por tierras del norte.



Castaño en los montes de Servoi

   Entre castaño y castaño, también podemos ver vistas panorámicas de estos montes orensanos y entre medias de ellos, un pequeño pueblo que da nombre a los montes por donde estamos caminando. Me refiero al pequeño pueblo de Servoi.
   En esta ocasión, no pasaremos por este pueblo pero, sí lo dejaremos muy cerca. Aquel que quiera y no lo conozca puede acercarse a contemplar la estructura, arquitectura y costumbres tradicionales de sus lugareños aunque, os recomiendo un regreso por esta zona y realizar la derivación de esta ruta de los carboneros, que sí hace parada por este lugar.



Otoño en los montes de Servoi

   Seguimos cuesta abajo y rodeados de castaños con la diversidad de tonos entre verdes y marrones que nos deleitan sus hojas, al caminar entre ellos y un pequeño árbol, un árbol con frutos redondos mas o menos anaranjados, casi rojizos, llamó mi atención. No sabía y es la primera vez que veo un madroño por Orense. Es raro de ver por esta zona pero, sí que los hay. Yo creía que solo se criaban en los montes del centro y sur de la península pero, aquí también los hay.

   Ya casi llegando al valle y contemplando la pequeña llanura, llegamos a uno de los lugares que dan nombre a la denominación de los vinos de Monterrey, campos de cepas delatan el buen vino que se realiza en esta comarca.



Viñas de Monterrey

   Las vistas desde aquí y sobre todo desde un mirador cercano, merecen la pena ser observadas por el curioso viajero. En mi caso, no me era recomendable permanecer mucho tiempo quieto ya que comenzaba a atardecer y tenía que afrontar el último tramo de este ruto de los carboneros aunque, si me dio tiempo a tomar varias instantáneas de los hermosos atardeceres que se disfrutan en esta comarca.
   *Nota*. Una vez pasado el campo de viñas comentado anteriormente, llegaremos a la carretera que una Verín con Campobecerros. Debemos continuar por dicha carretera unos cuantos metros en dirección Verín hasta ver un camino que sale a la derecha que conduce al mirador anteriormente comentado. En este punto las señales de la ruta vuelven a ser perfectamente visibles.



Atardece en el mirador del valle

   Ya falta poco. Los últimos kilómetros de la ruta nos vuelven a introducir en un bosque de pinos quizás más amplio que el anteriormente recorrido, monte arriba.
   En su interior podremos desviarnos por la derivación que conduce a Nocedo do Val tomando el camino de la derecha. Nosotros tomaremos el camino de la izquierda para dirigirnos a nuestro destino final, Castrelo do val.
   Recorriendo este bosque al atardecer resulta un tanto inquietante andar por su interior debido a su relativo silencio y el contraste que se produce entre el rojizo cielo y el gris oscuro de las siluetas de estos pinos.
   A lo lejos ya se aprecia, en forma de pequeñas luces, nuestro destino final en esta ruta de los carboneros. Pocos metros después, llegamos a Castrelo do val. Pueblo de la comarca de Monterrey situado en el valle del Támega.
   Es de noche y tras este caminar por los montes orensanos, es hora de regresar y poner fin a este día en el que recorrimos el camino de los carboneros.



Castrelo do val, final de la ruta

CAMPOBECERROS, PENA NOFRE y FONTEFRIA - Ruta de los carboneros

Ver itinerario en Google Maps

   Amanece el décimo cuarto día de viaje, mi último día por estas tierras antes de mi regreso. Ya tengo preparado la mochila para realizar mi última senda por este lugar. En este momento pongo rumbo a Campobecerros a realizar otro tramo de la ruta de los carboneros, un tramo de poco más de diez kilómetros con el cual terminaré de conocer esta hermosa tierra.



Cartel informativo

   Es curioso la confianza que llegas a tener con los lugareños de esta zona. En el viaje de ida tuve una agradable conversación con el taxista que conocí en Verín y fue mostrándome los pequeños rincones que podría descubrir por estos montes de Orense, animándome a  regresar en cuanto tuviera tiempo para poder disfrutarlos. De esta forma, llegamos a un pequeño pueblo rodeado de montes. Llegamos a Campobecerros.

"Peliqueiro" de Campobecerros.

   Campobecerros es un pequeño pueblo situado en un valle rodeado por la sierra del Invernadero. De hecho, el parque natural del mismo nombre, se encuentra muy próximo a este lugar.
   Es un pueblo tranquilo, de buenas gentes y buenas comidas. Un lugar idóneo para el descanso de los peregrinos que vienen por la vía de la plata y para el descubrimiento y disfrute de este entorno, involucrándote con sus gentes y sus buenas costumbres.
   Me dirigí a un merendero próximo a tomar un desayuno y que sorpresa la mía al descubrir la decoración de este acogedor bar-merendero. El interior está decorado con un ambiente típico montañés. Con sillas y mesas de madera realizadas con troncos de distintos tamaños, las lamparas y la barra realizadas con el mismo material y otros pequeños detalles de madera que le dan a este pequeño rincón un toque acorde con el entorno que le rodea. También quisiera mencionar la colección de fotografías que tienen expuestas a lo largo de una de las paredes, que muestran la vida y costumbres de sus lugareños.



Poste indicador de la ruta

   Es hora de ponerse en marcha y me dirijo a la típica iglesia gallega que hay en este lugar, la iglesia de Santiago, para tomar el camino, que me guiará por estos montes a través de la ruta de los carboneros.
   Durante los primeros pasos descubriremos el entorno de Campobecerros y una pendiente nos hará cojer altura y admirar la sierra que lo rodea. Este tramo, como muchos caminos que hay por estas tierras, es el más difícil que nos vamos a encontrar en esta ruta ya que, como he explicado en otras entradas de este blog, es una subida directa pero, este detalle nos inducirá a pararnos, de vez en cuando, a contemplar estos montes orensanos.



Campobecerros y su entorno

   En el camino nos cruzaremos con la vía del ferrocarril que lleva a Orense y tras pasar un pequeño bosque nos toparemos con una carretera que tendremos que seguir hacia la izquierda. Poco después nos encontramos con un cruce que indica la dirección a Sanguñedo. En este punto la ruta da un giro brusco y se adentra en un cortafuegos rodeado de pinares.

Vistas desde el pinar.

   El silencio es casi absoluto, la tranquilidad es ligeramente rota por el suave sonido de las ramas chocando entre si y por el ambiente. Yo diría que la naturaleza me está observando.

            

Sierra del Invernadero

   Poco a poco, según vamos saliendo de este bosque, según vamos subiendo una suave cuesta, la altura a la que nos encontramos nos permite apreciar la inmensidad de esta sierra del invernadero y de los montes de Orense.
   El tiempo pasa y ya superado este tramo, el que entraña más dificultad, es hora que de pare un poco y recupere fuerzas.
   Me llamó mucho la atención, en este momento liviano, el contraste que se puede apreciar en el día de hoy, entre el azul del cielo y el verde de la tierra. también se puede decir, que la claridad de este día, me permite contemplar la profundidad de estos montes y llegar a ver, la frontera con Portugal.



Montes de Orense

   Después del pequeño descanso, prosigo la marcha. Empezamos a dejar atrás la sierra del invernadero y, a través de otro pinar, nos vamos aproximando al monte de Pena Nofre pero, una pequeña senda que parte del camino principal, llamó mi atención. Este pequeño camino conduce a una fuente de las muchas que te encuentras por estas tierras, rodeada de maleza y protegida por el pinar en donde nos encontramos. Una buena oportunidad para refrescarnos y llenar las cantimploras de un agua clara, suave y bien fresca.



"Fonte Nofre"

   Saliendo de este pinar, nos encontramos con el "señor" que nos ha estado observando desde que llegue a estas tierras de Monterrey. Una cima de poco más de 1200 metros. Por supuesto, desde que salimos del pinar, las vistas panorámicas de la zona merecen ser contempladas y por que no, fotografiadas.



Vistas desde el entorno de monte "Pena Nofre"

   Ya en las proximidades del monte existe un mirador desde el cual, dicen los lugareños de la zona, en días claros, se puede ver todo Orense. Yo, particularmente, voy a dejar este detalle sin ver para una futura ocasión y decidí bajar hasta una ermita situada pocos metros más abajo, en las proximidades de Fontefría.



Ermita vista desde el monte Pena Nofre

   Desconozco mucha información de esta ermita. Sólo se que a lo largo del paseo previo a la entrada, hay situadas unas cruces que simbolizan los santos de las parroquias de la comarca y es de reciente construcción. También añadiré que el entorno es realmente hermoso. Si alguien de vosotros conoce más datos de esta ermita, os agradecería mucho vuestros comentarios.



Ermita próxima a Fontefría

   Es curioso. Estando Fontefría tan próxima, aún quede un buen tramo para llegar a ella. Es hora de regresar al cruce anteriormente nombrado y continuar con esta ruta bordeando el monte de Pena Nofre.

 


Vistas de regreso a Pena Nofre

   Según vas caminando ya de regreso por la ruta principal, un bosque de pinos y alguna que otra fuente, te acompaña durante los siguientes kilómetros. Vas recorriendo el perímetro de este monte y volviendo a contemplar la inmensidad de estas tierras. Hay un punto en el cual puedes apreciar los pueblos que conforman la parte sur de esta provincia gallega y parte de los de la frontera con el vecino Portugal.
   Ya va quedando menos y poco a poco, entre pinares, suaves valles y algún que otro animal, vamos bordeando uno de los montes principales de esta comarca.



Pena Nofre

   El camino, según vamos avanzando, va descendiendo y vamos a empezar a ver un paisaje ya familiar. Este último tramo es el que continua desde el tramo final de la ruta comentada con anterioridad.



Derivación a Fontefría

   De esta forma, llegamos al mismo cruce del día anterior. Ya solo queda recorrer el mismo camino hasta llegar a esta aldea de los montes de Orense.



Atardecer en Fontefría

   "Atardece por estas terras. Unhas terras que estiven percorrendo durante os ultimos catorce dias. Unhas terras que conservan a súa cultura e tradición. Unhas terras de boas xentes e grandes costumes.... A túa TERRA."



Puesta de sol en Fontefría

   "Desde o pobo de Allariz, pasando por Xinzo de Limia e a súa comarca, continuando por Verín e o castelo de Monterrei, percorrendo parte do val do Támega ata chegar aqui, ao lugar no que me atopo. Lugar onde o teu estas."



Ocaso en Fontefría

  "Agora, coma se o destino quixéseo así, coma se quixese facerme esperar no meu regreso, mentres contemplo este alaranxado atardecer na túa aldea, doume conta de que cambiaron moitas cousas en moi pouco tempo e que aínda non partín de aqui e xa boto de menos estas fermosas terras ourensás..."



Atardece en tu aldea

SERVOI, VILAR y FONTEFRIA - Ruta de los carboneros

Ver itinerario en Google Maps

   Un día más en la comarca de Monterrey.
   En el día de hoy, tomo el mismo camino por la carretera a Campobecerros pero, esta vez, me quedo en uno de los pequeños pueblos que salpican estos montes de Orense.
   En este momento me encuentro a la entrada de Servoi, dispuesto a realizar una de las rutas que me habían informado que existían por estos lugares, la ruta de los carboneros. Mas concretamente, un tramo de una de sus derivaciones.



Cartel de la ruta de los carboneros

   Nuevamente, me dispongo a sumergirme en el ambiente de estos montes e impregnarme del aire tradicional que invade esta zona orensana y nada más empezar, volví a disfrutar de las tradiciones de estas gentes.
   El pequeño pueblo de Servoi es un pueblo que aún conserva ese aire a tradición y parece como si el tiempo no hubiera pasado por este lugar. Al pasear por sus calles, oficios y actividades tradicionales gallegas como la recogida de la paja, las labranzas, la recolección del maíz... se mezclan casi perfectamente con la estructura clásica de sus calles y sus casas de piedra y pizarra, dando la sensación de que sus gentes viven en armonía con el entorno que les rodea.
   Cabe destacar su hermosa iglesia y su arquitectura popular.
 



Labores y arquitecturas tradicionales en Servoi

   Saliendo de este pequeño pueblo, la ruta se va aproximando al extremo de la falda del monte y el paisaje comienza a ser más amplio. Pudiendo empezar a contemplar el valle del Támega desde otro punto de vista y las amplias tierras que ofrecen estos montes de Orense incluyendo, una vez más, los viñedos que dan denominación al vino de este lugar, al vino de Monterrey.
   Seguir lo que llevamos de ruta no es muy difícil, sólo hay que estar atento a las señales que marcan el camino y no perderse por las calles de Servoi.



Vista panorámica del valle del Támega

   He de comentaros que las indicaciones son dos franjas, una amarilla y otra blanca, cruzada por otra linea amarilla que las cruza e indica que nos encontramos en un ramal de una senda de pequeño recorrido. Estas son las señales que hay que seguir.



Señales orientativas de la senda

   Según van pasando los primeros kilómetros y después de contemplar las vistas que nos ofrecen nuestros primeros pasos, nos adentramos en un bosque de castaños y robles, su sombra nos da cobijo de los rayos solares que azotan esta tierra y hacen el ambiente veraniego más liviano.
   Os recomiendo que ralenticéis la marcha y disfrutéis de esta agradable estancia, antes de adentraros en la siguiente aldea del recorrido. También podéis refrescaros con alguna fuente que se os presenta en el transcurrir de la senda.

  
 
   

Fuentes, castaños y robles en la ruta

   Vilar, la siguiente aldea que se visita, que decir... Una nueva oportunidad de disfrutar de las costumbres orensanas pero, en esta aldea, vi detalles que me llamaron bastante la atención. Aparte de la estructura típica, ya comentada anteriormente, pude ver algo más de la vida cotidiana de estas humildes gentes.



Aldea de Vilar

   Una de ellas fue la distribución de las casas tradicionales donde, la planta baja se reserva a la ubicación del ganado y es el lugar donde se guardan los alimentos para su conservación. La primera planta se ubica las estancias de la vivienda y es donde reside la familia.
   Ya me parecía a mi raro que estando en Galicia, no encontrara por estas tierras hórreos. Uno de los motivos puede ser el comentado, ya que esta distribución no la he visto con anterioridad, salvo en los pueblos y aldeas de esta zona.



Casas tradicionales de Vilar

   Otro de los detalles, son los llamados "quintairos". Ya los había visto en Servoi y Fontefría. Son esa parte de la casa que va por encima de la calle y comunica las viviendas.
   Si alguien sabe más sobre los "quintairos", agradecería un comentario en esta entrada. Siento mucha curiosidad por ellos.



"Quintairo" en Vilar


    Hay más que te los vas encontrando según te vas "perdiendo" por sus calles. Pequeños bancos de madera, huertos de árboles frutales, pequeñas fuentes en la plaza de la aldea, balconadas adornadas con coloridas flores, una manada de perros, todos prácticamente iguales, que confunden al visitante, al creer que es el mismo, en diferentes calles... Lo mejor es que, si os animáis a realizar la ruta, lo podáis descubrir por vosotros mismos. No os dejará indiferentes.
   He de comentar una anécdota y pequeña intromisión. En una de las casas de esta localidad, la puerta de entrada a la planta baja, se encontraba abierta dejando entrever una buena cantidad de castañas depositadas en casi toda la superficie de la planta. No pude resistirme a realizar una instantánea de ese momento pero, tuve dificultad a la hora de componer la toma así que, no tuve más remedio que adentrarme en el interior de la casa. Imaginaros la cara del lugareño que me hubiera visto en ese momento. Mis disculpas por esta pequeña invasión y he aquí el resultado.



Castañas en conservación

   Llegados a este punto, el camino que se ha de tomar, es el de la salida de la aldea hacia la carretera, ya que no hay cartel ni señal que lo indique. Un poco confuso si fue de encontrar.
   El siguiente tramo que hay que afrontar es el más dificultoso de toda la ruta ya que hay que emprender una subida para atravesar un monte. No es mucho el desnivel pero, como es costumbre por estas tierras orensanas, la cuesta es directa, sin zig-zags que suavicen la pendiente.
   Para los menos atrevidos, os recomiendo que partáis de Fontefría hasta Servoi ya que este tramo sería cuesta abajo y la dificultad es menor.



Exterior de un bosque de pinos

   Según vamos ascendiendo por un camino no muy bien marcado y volviendo a disfrutar de las vistas del valle, entre respiro y respiro, nos iremos aproximando a un bosque de pinos que nos invita a adentrarnos en su interior. A mi, particularmente, me resultan muy monótonos ya que el paisaje es siempre el mismo y sólo la profundidad de éste me llamó la atención. Momento que aproveche, después de recuperarme un poco de la cuesta, para acelerar el paso y ganar un poco de tiempo.

 

Interior del bosque de pinos

   A un kilómetro, más o menos, nos encontramos con un cruce que nos adentra en una pista forestal y aquí estuvo mi error.
   El camino correcto es el de la derecha. Yo continué por el de la izquierda.
   El paseo se hace agradable pero, empecé a extrañarme de no ver las señales que indican la ruta y después de entretenerme fotografiando alguna abeja entre las flores y... lo diré, asustarme por el berrido de un ciervo que quería espantarme y que no le molestara, me encontré de camino a la carretera y con un buen punto de vista de Fontefría. Evidentemente, me había desviado de la ruta.
 
  



   

  Fontefría, flores y serbal de cazadores

   Fue tal mi despiste que al regresar por mis pasos acabé en mitad de un cortafuegos. Menos mal que tenía a la aldea de Fontefría como referencia. Después de un buen rato andando entre los pinares, allí estaba, como siempre vigilando, allí estaba Pena Nofre y yo de vuelta a la ruta que había perdido. Ahora volvía a ver los postes que indicaban esta senda de pequeño recorrido.



Valle de Pena Nofre

   Llegados a este punto, estamos en la senda principal de la ruta de los carboneros. Está atardeciendo pero, no importa, ya solo queda andar unos metros más para encontrarnos con la derivación a Fontefría y unos pocos más para llegar a esta hermosa aldea de los montes de Orense. Tu aldea.



Derivación a Fontefría




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