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Se bienvenido viajero. Sea cual sea tu procedencia, siento curiosidad por cómo a sido tu estancia, en la hora de tu partida.
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LA ESTRELLA DE LA JARA – Ruta hacia el arroyo de La Aguilucha
Bienvenidos a La Estrella de La Jara La Estrella de La Jara, un pueblo de la provincia de Toledo, perteneciente a la comarca de La Jara. En un día nublado nos presentamos en esta localidad y nos dispusimos a descubrir otro de los pueblos que conforman esta comarca próxima a los montes de Toledo. Nunca pensé que después de los pueblos jareños que llevo recorrido, me fuera a sorprender tanto con lo que esta población tiene que ofrecer, al visitante que se anime en adentrarse por sus calles y rincones. Así fue, a los pocos pasos de comenzar esta visita, ya nos encontramos con la plaza que encontraremos, por la calle zorrero. Una pequeña plaza que ya empezaba a dejar ver lo que La Estrella nos tenía para ofrecer. En primer lugar, su arquitectura tradicional bastante bien cuidada, una pequeña fuente en el centro de donde nos encontramos, rodeada por unos asientos de adornados con cerámica talaverana, representando los monumentos o lugares más transcendentales de la historia y tradiciones de este pueblo jareño. En segundo lugar, nos salió al paso un amable hombre, con el que tuvimos oportunidad de charlar, demostrando la amabilidad y cordialidad de las gentes lugareñas de esta localidad. El buen hombre, muy amable, nos estuvo comentando detalles de su pueblo así, como de su reciente historia, trabajos y costumbres del lugar donde, sin duda, ama. Un cordial saludo y recuerdo a la entrañable conversación que mantuvimos durante unos instructivos minutos.
Detalles en cerámica de algunos lugares de interés de La Estrella de La Jara Al despedirnos de este buen hombre, proseguimos, como lo denomino, perdiéndonos por las calles de esta jareña localidad y como mencionaba al principio de esta entrada, no dejaba de sorprenderme la cantidad de detalles tradicionales de su arquitectura, que podemos ir encontrándonos por los rincones que vamos recorriendo. De todos los pueblos de La Jara que ya he tenido oportunidad de visitar, La Estrella conserva una arquitectura tradicional, aunque algo dejada, bastante bien conservada, una arquitectura castellana con la que apenas se topa, con edificios más o menos modernos. Fue un placer recorrer estas calles donde perfectamente se pueden observar la estructura de las viviendas y hacerse una idea muy clara de las labores que, desde los inicios de su historia, aquí se realizaron y hoy día, aunque en menor medida, se siguen realizando. Casas solariegas, viviendas humildes y en la periferia los obligatorios establos para el ganado, conforman la mencionada arquitectura tradicional de este pueblo, todo ello adornado por las siempre admirables lindes de piedra que conforman sus caminos y vía pecuaria. No quería olvidarme de un par de detalles. Según caminamos por las calles del pueblo, varios blasones podemos contemplar en algunas viviendas y también esas determinadas formas que dan nombre a esta localidad toledana, ya sean en mosaico, en piedra u otro cualquier material. Sin duda, los lugareños se sienten muy arraigados a esta tierra asentada a los pies de las sierras Ancha y Aguda y así lo demuestran.
Detalles de la arquitectura tradicional de La Estrella de La Jara De entre todas las viviendas tradicionales y casi a las afueras del pueblo, un edificio destacará sobre los demás y el cual estábamos buscando y a él nos dirigimos. Un templo que me sorprendió por su ubicación con respecto al pueblo, al encontrarse a las afueras de éste y no, como es más habitual, en la zona centro de la localidad visitada. Un templo gótico con detalles renacentistas, de buen porte y presencia. No llega a ser tan monumental como otros templos de La Comarca pero, no por ello, carece de detalles que, seguro, llamarán la atención del visitante. Mención especial para su portada y campanario que, unido a la amplitud de su entorno natural, nos obsequiará con unos momentos de tranquilidad y paz a nuestra visita y casi nos obligará a valorar el entorno en el que nos encontramos. Lamentablemente, en el día en que nos encontramos, no pudimos acceder al interior de la iglesia de La Asunción, templo al que nos estamos refiriendo pero, como siempre digo, tienes que dejar algo por visitar, para tener oportunidad de regresar.
Iglesia de La Asunción Prosiguiendo nuestro camino, nos quisimos adentrar en el entorno natural que rodea a este pueblo de La Jara, un entorno natural dominado por sus dehesas y las sierras Ancha y Aguda. En esta ocasión decidimos tomar una pista forestal, con dirección al cercano arroyo de La Aguilucha. Según nos vamos alejando del pueblo, comenzamos a observar más claramente las actividades que aún se realizan en él, según vamos caminando podremos contemplar los campos de cultivo de esta localidad, así como diferentes rebaños de ovejas y vacas, todo ello adornado por las lindes de piedra que campan por esta tierra jareña y que conforman el entramado de caminos que llegan y salen de La Estrella de La Jara. No tardaremos mucho, siguiendo por esta pista forestal, en comenzar a divisar el mencionado arroyo pero, antes de llegar a él, unos elementos de piedra nos llamaran la atención. En realidad son lavaderos individuales situados en las cercanías de un pozo junto al arroyo. Por lo visto, en esta localidad existen varios de estos lavaderos y es que, antiguamente, era costumbre que las mujeres fueran a lavar a estos pilones, situados hacia las afueras del pueblo. También cabe mencionar que eran utilizados como abrevaderos para el ganado, fuente de trabajo y actividad de esta toledana localidad, ahora y en mayor número, no hace tantos años.
Pilones-abrevaderos junto al arroyo de La Aguilucha Otro de los puntos de interés y que ya nos habremos percatado, mientras estamos en los mencionados pilones, es el antiguo puente que cruza las claras aguas del arroyo de La Aguilucha. Aunque en este día se nos presentara nublado, es una zona llana donde poder tomar un descanso, refrescarnos y por qué no, disfrutar de las hermosas primaveras que, desde luego, en estos campos se tienen que dar, a la sombra del histórico empedrado puente de esta jareña localidad. Un buen lugar para el recreo. Antes de terminar con la sencilla ruta que nos habíamos planteado realizar, no quisiera olvidar que, antes de regresar al pueblo, unos metros más adelante del puente sobre el arroyo, al darnos la vuelta y mirar hacia atrás, una hermosa vista podremos contemplar, de la población que hemos descubierto en estas tierras de La Jara y sus dos montes en los que se asienta esta localidad. una visión que merece la pena nombrar y desde luego, contemplar. En resumen y después de haber visitado unos cuantos pueblos de esta comarca jareña, La Estrella de La Jara es un pueblo especial, donde su numerosa arquitectura tradicional muestra el legado del duro trabajo y las costumbres castellanas que, a lo largo de los siglos han caracterizado a esta localidad jareña y su amplio entorno natural donde poder elegir, si el llano de las dehesas o bien, el suave camino que emprende la subida, tanto a la sierra Ancha, como a la Aguda. Sin olvidarme de sus amables y cordiales gentes que, no dejaran de saludar a aquel visitante, que se anime a este pueblo de La Jara visitar.
Antiguo puente sobre el arroyo de La Aguilucha Navalmoralejo - CIUDAD DE VASCOS
Ruinas de la antigua alcazaba
Es curioso lo que el tiempo puede hacer en su continuo transcurrir. Hace muchos años, por las tierras de La Jara toledana, se fundó un asentamiento musulmán a orillas del río Huso. No se sabe con certeza pero, en su desarrollo, llegó a contar con casi tres mil habitantes. Este asentamiento parecía desarrollarse y ser fructífero ante las personas que aquí habitaron, sin embargo, la vida de esta ciudad apenas duró cien años. transcurrido ese tiempo ésta se abandono, el tiempo y la naturaleza la enterró, dejándola oculta durante siglos. También al ser un lugar apartado de las principales vías de comunicación de aquellas épocas, ayudó a que sus ruinas se conservaran, evitando su expoliación. Hasta hace no mucho, según dicen por el año 1975, estos restos fueron encontrados y desde entonces, un grupo de arqueólogos se dedican a escavar la tierra que ocultaba estas ruinas y tratan de desentrañar los misterios de la vida de este asentamiento musulmán.
La ruinas se encuentran en la localidad de Navalmoralejo, apartadas de cualquier centro urbano. De hecho, las tierras donde se asientan son de propiedad privada pero, pueden ser visitadas los sábados de una determinada época del año, permaneciendo cerradas a los visitantes durante la época en que se producen las excavaciones. Tras recorrer las dehesas que las rodean, justo antes de llegar al curso del río Huso, nos encontraremos con la muralla defensiva de este asentamiento. Desde aquí podremos hacer un recorrido libre por los rincones del recinto, no sin poco tiempo de percatarnos que este lugar emite un aura especial, un aura de historia y leyenda, sobre la vida de las gentes que aquí, algún día, llegaron a vivir, con sus costumbres, sus alegrías, sus penas… en fin sus vidas transcurrir. A poco de adentrarnos por la muralla, muy bien conservada a través de los siglos, no tardaremos en dar con los primeros vestigios de épocas pasadas, prácticamente quedan la piedras que limitan las calles y viviendas pero, al detenernos un poco y contemplar nuestro entorno, uno se percata que, en realidad, este asentamiento es más amplio de lo que te imaginas, al ver fotografías, vídeos o relatos, sobre estas históricas ruinas. Ciertamente tuvo que ser un asentamiento importante y no es exagerado llegar a confirmar que, en este lugar, llegaron a habitar cerca de tres mil personas.
Ruinas del perímetro de la muralla Continuando con la visita a este antiguo recinto amurallado, no tardaremos en percatarnos del elemento más significativo de este asentamiento y que claramente destaca sobre este paraje natural, entre las tierras de La Jara y las de Talavera. Sin duda estaremos viendo su significativa y bien conservada alcazaba. Irremediablemente nos dirigiremos hacia ella pero antes, cruzaremos por otro de los lugares no menos importantes, su plaza y las casas de la gente acomodada. Gracias a las labores de excavación emprendida por los arqueólogos, que anteriormente mencionaba, hoy podemos observar la zona central y principal de este histórico lugar. Sin duda lugar muy preparado y en el que aún se puede observar hasta los desagües para drenar el agua que, en épocas de lluvias, fluían por sus calles. No quisiera olvidar que, en el perímetro de la plaza, se pueden distinguir unos habitáculos algo mayores al del resto de edificaciones, que servían de puestos de venta, donde poder comerciar.
Vista y detalles de la plaza y zona acomodada de la ciudad Ahora toca subir al cerro donde se asienta la alcazaba. Sin duda, el lugar más estratégico de esta zona toledana, donde una amplia vista de los alrededores podrá ser contemplada. Cabe destacar el importante punto defensivo que desde aquí se da. A pesar de los siglos transcurridos, es de admirar lo bien equipado que se encuentra este rincón de la Ciudad de Vascos, para la época en la que fue construida. Aparte de la mencionada alcazaba, nos podemos encontrar con un aljibe, un pequeño palacio e incluso de baños que, muy bien situados en un extremo de esta fortaleza, dan a parar a un arroyo cercano, afluente del río Huso. Claro que, he de imaginar, que estas dependencias eran de uso exclusivo de la clase acomodada, cuyas viviendas están situadas justo debajo de estos lugares mencionados. Desde luego, sigo pensando que, para haberse abandonado completamente, tuvo que ser un asentamiento importante de la época a la que nos remontamos y no termino de explicarme como, dada la molestia del equipamiento mencionado, incluyendo sus robustas murallas, quedó aislado, sin un núcleo de población que nos hubiera ofrecido estos vestigios de su pasado.
Aljibe y baños del recinto amurallado Saliendo de la alcazaba, nos dirigimos a completar el perímetro de la muralla, donde hubo tiempo de observar la zona, digamos, más industrial, donde se asentaban el molino, la herrería y es de suponer que también algunos oficios artesanales para el mantenimiento de esta fortificación. Algunas de estas ruinas aún se conservan bien y están situadas apartadas del núcleo principal de la población, junto al arroyo cercano que va a dar al río Huso. Al ir despidiéndonos de esta visita, uno echa la vista atrás y piensa que, aunque ha visto una gran cantidad de detalles, aún los arqueólogos tienen un largo trabajo por delante porque, da la impresión que bajo la tierra, este histórico lugar, esconde muchos secretos más.
Restos de la zona industrial PUERTO DE SAN VICENTE – Atardecer ante un mar de nubes
Atardece hacia extremadura La ruta de la vía verde de La Jara hacia la estación de Minas de Santa Quiteria terminó pero, aún quedaban unos cuantos minutos antes de la puesta de sol. Mientras contemplábamos la sierra de Altamira desde nuestra posición, decidimos que el Puerto de San Vicente sería una buena elección, para despedir a nuestro astro, en este nuevo atardecer que empezaba a producirse. Sin dudarlo, pusimos marcha a la mencionada dirección, paso fronterizo entre las provincias de Toledo y Cáceres.
Mar de nubes entre la sierra de Altamira Nunca me imaginé, lo que en aquel momento iba a ser testigo, al encontrarme en el paso fronterizo entre Toledo y Cáceres, en el puerto de San Vicente. Nada más llegar a este alto, un mar de nubes se empezaba a extender ante mi, en dirección a tierras extremeñas. Un manto de nubes blancas se podían contemplar, a escasos metros bajo el lugar donde nos encontrábamos. Fue curioso ver estas nieblas insospechadas en dirección a Extremadura, desde esta parte de la sierra de Altamira. Fue curioso, ya que la zona opuesta de esta sierra, la de la comarca de La Jara toledana, se encontraba totalmente despejada, al haberse levantado durante el día, las nieblas que durante la ruta por la vía verde de La Jara, nos habían visitado. Las nubes comenzaron a tornarse de un color anaranjado-rojizo, según el sol se iba aproximando a las cimas de la denominada sierra del Hospital del Obispo y la sierra Pintora que, en estos momentos, solo asomaban los picos más altos y el paso entre estas dos sierras, parecía como un minúsculo punto de fuga, de las inmensas nieblas que poblaban los valles. Paso entre las sierras de Hospital del Obispo y la Pintora Llega un momento, al ver este tipo de paisajes, que quisieras que el tiempo se detuviera, para poder deleitar a tus ojos, con estos entornos y formaciones, que solo la naturaleza puede ofrecernos. He de decir que, durante el periodo que duró este atardecer, fue como si no existiera nada más en nuestro entorno, a parte del panorama natural que en este ocaso, se presentaba entre estas sierras toledanas y extremeñas. Una sensación seductora que te invade y te enamora, dejándote casi paralizado, ante el semejante espectáculo natural, que uno está observando. De todas las palabras que os pueda comentar, sobre las sensaciones que este tipo de situaciones te puedan ocasionar, sólo diré una cosa más. La naturaleza siempre te sorprende y en determinadas ocasiones te ofrece un espectáculo, que sólo ella te puede obsequiar. Son situaciones que no se pueden explicar y en la realidad quisieras retener pero, ella es sabia y conoce muy bien cuánto tiempo tiene que durar, estas especiales ocasiones.
Atardecer hacia Extremadura, desde el Puerto de San Vicente El sol empieza a tocar las cimas de los montes que no paramos de observar y en tu cara, una sensación agradable y cálida te produce, los últimos rayos del cielo que no dejas de contemplar. En tu interior sabes que ya no dudará mucho más e intentas inmortalizar esos momentos en tu retina, mientras tu mente piensa en que dure unos segundos más pero, es inevitable, el atardecer se ha consumado y los últimos rayos de sol desaparecieron por entre estas sierras. La sensación que te produce en un principio, es que no llegas a creer lo que tus ojos acaban de ver y tu persona acaba de sentir, mientras los tonos anaranjados-rojizos, se apagan en tonos azulados del comienzo del anochecer. Piensas en que no es real lo que acabas de experimentar, que no es posible tal belleza natural. Sin embargo, se es plenamente consciente, de que se ha vivido un fenómeno muy especial y sobre todo, hermoso.
Atardece desde el Puerto de San Vicente Album fotográfico: VIA VERDE DE LA JARA – Ruta de La Cervilla a Minas de Santa QuiteriaVer itinerario de la ruta en Google Maps
Estación de Minas de Santa Quiteria Hacia ya un tiempo que quería recorrer este tramo de la vía verde de La Jara. Es uno de los poco tramos que me faltaban, para terminar el recorrido de este antiguo trazado ferroviario, que nunca llegó a ser inaugurado. El día de finales de otoño se inició soleado y apropiado para realizar esta ruta de senderismo que estábamos apunto de comenzar sin embargo, la naturaleza nos depararía unos bancos de niebla en el valle cercano a la sierra de Altamira. Esto no nos impediría disfrutar del recorrido que estaba apunto de comenzar. Así fue, unos metros más adelante de la estación de La Cervilla, dio comienzo nuestro caminar, que nos guiaría hacia la estación de Minas de Santa Quiteria.
Nieblas en la vía verde de La Jara La llanura que estamos recorriendo es extensa y las dehesas son amplias, permitiéndonos disfrutar de nuestro caminar, en estos primeros kilómetros por la vía verde de La Jara. A cada paso que vamos dando, las nieblas se nos van aproximando, conformando un paisaje interesante y a la vez misterioso. Por otra parte la temperatura es agradable y nos anima a continuar con nuestra travesía, por estas tierras de La Jara. Nos encontramos a primera hora de la mañana y procedemos a adentrarnos en los bancos de niebla, bastante numerosos en esta época del año, en estas zonas de la comarca de La Jara, ya próximas a la sierra de Altamira y por consiguiente, a la frontera con Extremadura. Teníamos esperanza de que con el paso de las horas y según nos aproximáramos al mediodía, la niebla levantara. Qué equivocados estábamos pero, al poco tiempo de percatarnos de esta realidad, fuimos conscientes que veríamos esta Vía Verde, con un ambiente distinto al que normalmente estamos acostumbrados. El resultado mereció la pena y aún así, bajo esa ligera sensación de inquietud que produce ver siluetas difusas a los lados del camino, hace que se tenga una experiencia diferente, a como habíamos vivido La Vía hasta el momento. Sin ver más allá de cuatro pasos ante nuestros ojos, la naturaleza que inunda esta vía verde jareña, se sigue mostrando tan misteriosa y fascinante como siempre, quizá resaltando su misticismo a causa de la niebla en la que nos encontramos. De repente oímos ruidos, cada vez más cercanos que nos daba la sensación de preocupación al ignorar de lo que realmente se tratara pero, al poco de escuchar y según el sonido se iba aproximando, una silueta salió como de la nada de la mencionada niebla. Era un pequeño grupo de ciclistas que, al igual que nosotros, se habían animado a recorrer esta vía verde de La Jara, claro está, en sentido inverso al que nosotros llevamos caminando. Siempre me alegra poder ver a gente disfrutando de este paraje toledano.
Siluetas en la niebla de la Vía Verde Continuando el trayecto de esta antigua vía ferroviaria abandonada, entre encinas, retamas, jaras… nuevamente otra silueta nos llamará la atención, una silueta en forma de construcción que, dado el día, parece querer perderse en la niebla. Sin duda ya habíamos llegado, ya nos estábamos aproximando a la estación de Minas de Santa Quiteria. Ya estábamos aquí, después de que en otras ocasiones habíamos visitado las estaciones de Silos, Aldeanueva de Barbarroya, Navas-Fuentes, Campillo-Sevilleja y La Cervilla, Estábamos en la penúltima estación que nos quedaba por visitar, a falta de la estación de Pilas, la única de todas ellas que se encuentra habitada, Ya que el resto de las mencionadas estaciones y apeaderos, se encuentran totalmente abandonados. Sin embargo de todas las estaciones que hemos visitado, ésta la encuentro mejor conservada, a pesar de su estado de abandono. El almacén de carga, el edificio de la estación y las viviendas de las personas que se encargarían de ésta, se encuentran en muy buen estado y dada mi pasión por los ferrocarriles, no dudé en descubrir la arquitectura de esta ferroviaria estructura.
Edificio de carga, estación y vivienda de Minas de Santa Quiteria Al contemplar estas estructuras, uno tiene la sensación de que el tiempo se ha detenido, en el momento en que estos edificios fueron construidos. Un almacén de carga amplio, una estación que no le falta detalle o comodidad para la época y cuatro viviendas paredadas dos a dos, amplias y muy completas, incluyendo un pequeño patio interior. Un recorrido de los más instructivo en la arquitectura ferroviaria de la época y a la vez crítico, ya que al igual que el trazado, túneles y viaductos, ¿por qué no mantener restaurado estas estaciones y emplearlas para alojamientos, bar-restaurante y servicios?, ¿por qué utilizar unas réplicas de chapa cuando se puede conservar la estación original?, desde luego, clientela no le va a faltar en esta conocida y querida vía verde. Es realmente triste que estaciones como la de Sevilleja-El Campillo está ya prácticamente en ruinas y el resto de estaciones, les siguen el camino. No se si será conflicto de intereses pero, de lo que estoy seguro es que estamos perdiendo este patrimonio original y lo pretendemos sustituir por réplicas de fina chapa. Una verdadera pena, bajo mi opinión.
Ultimo túnel de la vía verde de La Jara A los poco metros de salir de esta estación, llegaremos a un túnel el cual, no es recomendable cruzar, ya que se encuentra completamente inundado. En la boca de este túnel, se pone punto y final, al trazado de más de cincuenta kilómetros de que consta la vía verde de La Jara. Eso no quiere decir que el trazado no continúe de hecho, a partir de este punto traspasa la sierra de Altamira, para adentrarse ya en tierras extremeñas. Por curiosidad, miramos en el mapa algún camino alternativo que nos llevara al otro extremo del túnel. Afortunadamente así es, dando un pequeño rodeo al monte que traspasa, podremos llegar al otro extremo.
Salida del túnel adentrándose en la sierra de Altamira Dando un rodeo por este monte toledano, nos adentraremos en un pinar. A mi personalmente, me resultan muy monótonos pero sí puedo recomendar, contemplar las vistas que se observan desde este camino. En nuestro caso y dado a la niebla, no pudimos disfrutarlo plenamente pero, en días claro, bien merecen ser contemplados. Al cabo de unos pocos kilómetros, el camino elegido nos llevará directos a la salida de la boca del túnel, notándose claramente la impracticabilidad de continuar por el trazado original de esta vía ferroviaria. Inundaciones, vegetación agreste o derrumbamientos, nos impedirán continuar por el mencionado recorrido y desde luego, nos pondría en peligro al adentrarnos por él. De esta forma, damos por terminada esta ruta que ahora tendremos que deshacer, pudiéndola observar desde otra perspectiva, con la duda y deseo de que algún día, podamos continuar a través de estos túneles, la vía verde de La Jara que termina unos metros atrás de donde nos encontramos y traspasando la sierra de Altamira, a tierras de Extremadura adentrarnos.
Estación de Minas de Santa Quiteria en la niebla
Album fotográfico: Vías pecuarias – Por las dehesas de COLMENAR VIEJOVer itinerario de la ruta en Google Maps Colmenar Viejo Viajando en tren voy acercándome a uno de los pueblos más conocidos de la comunidad de Madrid. Observando la cada vez más próxima sierra de Guadarrama, interesante panorámicas se abren a través de mi ventana, la ventana del tren que me llevará hasta este municipio, dispuesto a seguir descubriendo nuevos caminos, por las antiguas vías pecuarias que recorren nuestro país. Mi caminar comenzó a las afueras de este pueblo de Colmenar Viejo. El día es claro y según voy dando los primeros pasos por esta ruta, me voy percatando del intenso azul que gobierna el cielo que hay sobre mí. Su color es brillante y unido a la agradable temperatura que hay, me hacen sentir de una forma muy confortable. En estos momentos, caminos con historia vamos pisando, mientras a las dehesas de esta madrileña localidad vamos adentrándonos.
![]() Entorno de las dehesas de Colmenar Viejo Es curiosa y a la vez emocionante saber que, mientras caminamos por estas antiguas vías otros, anteriormente en el tiempo, también caminaron por ellas, fruto de una necesidad de mantener el ganado y labrarse una vida entorno a él. Anteriormente en el pasado, muchos fueron los pastores trashumantes los que dieron los mismos pasos, que ahora estamos dando nosotros, buscando las frescas hierbas de los prados del norte o del sur. Mientras continuo con la ruta me pregunto, ¿qué anécdotas o historias, nos hubieran podido contar estos pastores trashumantes, de sus casi continuos peregrinajes por estas vías pecuarias?... quien sabe. La vía que estamos recorriendo en este primer tramo de la ruta, es llamada la colada de los gallegos. Un tramo de vía pecuaria bien delimitado por uno de los elementos más entrañables y bien trabajados de tiempos pasados. Las tradicionales lindes de piedra desnuda, sin más elementos que las fijen. Prácticamente estas lindes, nos acompañaran durante este primer tramo de la ruta. ![]() Dehesas a los pies de la sierra de Guadarrama El entorno que vamos contemplando y respirando, hace honor a la cultura natural que se conserva en las diferentes vías pecuarias que tenemos en nuestros país. Durante los primeros kilómetros de esta ruta, vamos caminando por amplias dehesas de pasto y encina y todo ello adornado con la inconfundible sierra de Guadarrama, que se asienta al fondo del paisaje. Picos como el de La Maliciosa o el Yelmo de La Pedriza, podremos observar en nuestro caminar por esta zona madrileña. Un paisaje y un ambiente, digno de mantener y disfrutar, haciendo ejercicio y conmemorando el paso de los pastores trashumantes, a lo largo de los siglos. No quisiera olvida que, aunque los movimiento trashumantes ya prácticamente están extinguidos, su legado cobra bastante importancia, ya que siguen siendo utilizados para trasladar el ganado, entre las diferentes dehesas que existen en estas zonas pecuarias. De hecho, es posible que en el itinerario de esta ruta, nos encontremos, veamos o incluso nos crucemos, con algún que otro rebaño.
Rebaños en la colada de Los Gallegos Al continuar por la ruta, llegará un momento en que nos topemos con una carretera. En este momento y desviándonos a la izquierda, podremos tomar un descanso de los kilómetros que llevamos recorridos, mientras contemplamos una panorámica de la sierra de Guadarrama, donde veremos claramente La Pedriza, uno de los lugares naturales más conocidos y queridos de esta sierra madrileña. ![]() El Yelmo de La Pedriza desde la colada de Los Gallegos Si no nos hemos percatado ya, en nuestra parada para retomar fuerzas, muy cerca de aquí, una hondonada se puede observar. Ni más ni menos es el río Manzanares el que transcurre por estas tierras y su curso procederemos a acompañar, en el siguiente tramo de la ruta. Para continuar, encontraremos un camino que sale a la izquierda, según seguimos el trazado de la carretera durante unos pocos metros. Ahora, nos adentraremos en la colada de Las Huelgas del Manzanares, acompañando al río del mismo nombre y pudiendo contemplar las dehesas de Colmenar Viejo, desde otro punto de vista siempre, claro está, con la perpetua presencia de la sierra de Guadarrama, al fondo de éstas. Aparte, según vamos regresando hacia el punto de origen de esta ruta, allí la podremos contemplar, a lo lejos, la ciudad de Madrid y el contraste que hay, entre la gran urbe y la plena naturaleza, a unas decenas de kilómetros de diferencia. Un pleno pulmón natural, el que debemos conservar y mientras continuamos esta ruta, nos daremos cuenta, del valor de estos paisajes, estas dehesas y estas sierras, y la vida que nos dan.
Entorno natural desde la colada de Las Huelgas del Manzanares El cielo comienza a perder ese brillante tono azul, que nos ha estado acompañando en la jornada, para empezar a tornarse en colores cálidos, dando comienzo el atardecer, mientras recorremos los últimos kilómetros de esta ruta que estamos realizando, rememorando a los pastores trashumantes que durante siglos, recorrieron estas mismas vías pecuarias, por las que ahora estamos caminando. Es curioso que estamos contemplando los mismos paisajes y sin embargo, según se va poniendo el sol, ahora los percibimos tan diferentes. El cielo comienza a oscurecerse y los últimos metros de la ruta comienzan a ser recorridos. Ya casi hemos terminado, en el mismo punto de salida en el que comenzamos, habiendo caminado por dos coladas, que son herencia de las vías, que los pastores trashumantes nos han dejado. Unas vías pecuarias que nos transmiten la cultura y la naturaleza, en el paso del tiempo, desde que éstas fueron proclamadas. ![]() Atardecer en las dehesas de Colmenar Viejo Albunes fotográficos:
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